Hay localidades que encuentran su mayor seña de identidad en un monumento o en una plaza histórica. Tomelloso, además de contar con un importante patrimonio arquitectónico, puede presumir de un legado vitivinícola que ha definido su historia durante generaciones. Sus bodegas, lejos de convertirse en un vestigio del pasado, se han transformado en uno de los principales atractivos para quienes desean descubrir la esencia del municipio. Visitar estos espacios va mucho más allá de una cata de vinos: supone adentrarse en una tradición centenaria donde conviven el respeto por la historia y la apuesta por la innovación.
A finales de la década de 1980, catorce empresarios tomelloseros impulsaron un proyecto que marcaría un antes y un después en la viticultura regional. Su objetivo era crear la primera gran bodega de crianza de Castilla-La Mancha inspirada en el modelo de los châteaux franceses, apostando por producciones más selectas, una marcada personalidad y una clara orientación hacia los mercados internacionales. Así nació el Proyecto Allozo, origen de Bodegas Centro Españolas.
La bodega inició su actividad en 1991, en la carretera de Alcázar, con una filosofía basada en controlar cuidadosamente todo el proceso de elaboración, desde el cultivo de la uva hasta el embotellado final. Para ello, combinó las técnicas más avanzadas del momento con los métodos tradicionales propios de la cultura vitivinícola manchega. En la actualidad, su producción gira en torno a dos grandes referencias: los vinos Allozo y el brandy Casajuana, dos productos que reflejan la evolución y el carácter de la firma.
Muy cerca de allí se encuentra Bodegas y Viñedos Verum, un proyecto que hace honor a su nombre, ya que Verum, «verdadero» en latín, resume la filosofía de la familia López Montero. Vinculados al cultivo de la vid desde 1788, en 2005 María Victoria Montero y sus cuatro hijos dieron forma a una bodega que apuesta por la autenticidad y el respeto por el territorio.
Sus cerca de ochenta hectáreas de viñedo ecológico albergan tanto variedades tradicionales como otras menos habituales, entre ellas Tinto Velasco y Albillo Real, contribuyendo a preservar el patrimonio vitícola de la región. En la elaboración de sus vinos combinan diferentes sistemas de crianza, utilizando depósitos de acero inoxidable, barricas de roble y tinajas de barro, un elemento profundamente ligado a la tradición manchega. Su compromiso con la calidad y el enoturismo le ha permitido integrarse en la Asociación Española de Enoturismo y participar en destacados encuentros del sector, como las catas celebradas durante la Barcelona Wine Week.
Viña Ruda propone otra manera de mirar el vino, más inquieta. Sus más de siete mil metros cuadrados de instalaciones esconden un proceso desarrollado junto a las universidades de Castilla-La Mancha, Navarra y Zaragoza: los llamados vinos de infusión, que encapsulan los hollejos de la uva en una columna de acero por la que circula el mosto. El resultado son caldos de una intensidad aromática que rompe con lo esperable, una prueba de que la vanguardia también puede nacer entre viñedos centenarios.
Para entender lo que ocurre en Tomelloso hay que cambiar de escala. Virgen de las Viñas nació en 1961 y hoy gestiona más de 20.000 hectáreas de viñedo y 2.400 de olivar, que reúne a más de 3.000 socios: cifras que la sitúan entre las mayores extensiones vitivinícolas del planeta. Pero de todo ese tamaño, lo que se queda en la memoria del visitante no son las hectáreas, sino unas salas: El Museo de Arte Contemporáneo Infanta Elena conserva desde 2001, de forma permanente, las obras premiadas en el Certamen Cultural Virgen de las Viñas y, además, ha acogido ya exposiciones temporales de nombres como José Sánchez Carralero, Eduardo Naranjo, Brinkmann o el propio Salvador Dalí. Es, sin lugar a dudas, un lugar donde el vino y la cultura crecen de la misma cepa.
Y a poca distancia, ya en el umbral del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, Casaquemada trabaja de otra manera: vendimia nocturna para que la uva llegue intacta, fermentaciones de veinticinco días en depósitos con control de temperatura y una crianza que en algunos casos supera los treinta meses en barrica. Esta bodega nació por la vocación emprendedora y el deseo de llevar a cabo un proyecto acorde con su idea y filosofía de crear vinos de calidad, con su propia personalidad, llamando la atención por su exquisita singularidad y una muy cuidada elaboración.
Cinco bodegas, cinco formas distintas de entender la misma tierra. Tomelloso no pide que se le crea: pide que se le visite. Sus bodegas son fieles prescriptoras de la importancia de la cultura del vino en esta maravillosa tierra…










